LA ERA

Premio de participación: Premio Nacional
Categoría de participación: Arquitectura Mínima
País de representación: Ecuador
Participantes:
- Arq. Sebastián Calero Larrea
- Arq. Miguel Calero Castro
Memoria
LA ERA es un refugio estacional proyectado para habitar en el período de la siembra y la cosecha. Está localizado en la comunidad de Paltabamba San Aurelio (Provincia de Bolívar) en la sierra central ecuatoriana, en medio de una colectividad que, a lo largo de generaciones, ha comprendido las virtudes de la tierra y los sembríos. Es una pieza rústica de madera que simboliza el anhelo de volver a valorar lo simple y primitivo, de vivir en el campo y la ruralidad.
LA ERA se implanta en un lugar que, por décadas, fue acopio de la cosecha de trigo, y donde los campesinos se dedicaron a trabajar la tierra con mucho esfuerzo. Es un lugar mágico cargado de historias, recuerdos y memorias familiares, en donde cada año se celebraba el ciclo de la tierra.
LA ERA es el resultado de observar el paisaje, la topografía y los materiales locales. No busca necesariamente una estética visual, sino más bien mostrar la crudeza de una arquitectura moldeada por los accidentes y las necesidades. Es por ello que aparecen ciertos gestos y alteraciones que descomponen el orden racional de la pieza, dándole un carácter amorfo y mutante, tal cual un insecto que se adapta al suelo.
LA ERA propone un sistema arquitectónico donde todas las partes trabajan en conjunto. Así, estructura, piel, circulación y mobiliario son parte de una sola matriz. Como consecuencia, aparecen los diferentes componentes espaciales: una zona jerárquica abierta a manera de corazón; una franja larga de circulación, servicios y conexión con las extremidades de la montaña; una zona de reposo con límites borrosos y topografías habitables; un acceso escondido hacia la montaña; un mirador exterior vinculante con lo natural y un observatorio interior (anómalo) a manera de obsequio espacial para contemplar el Chimborazo y el cielo nocturno.
LA ERA busca poner en valor al no arquitecto, al artesano y al lugareño que se deja guiar por la sabiduría de la intuición, los cuales construyen desde el conocimiento heredado y el sentido práctico, sin depender de fórmulas académicas. El proyecto es el resultado de querer volver al campo. Es descansar del sol cuando llegan las cosechas, contemplar la belleza de la montaña y sentir la fuerza de los vientos en Agosto, tomar el café con la gente local, cocinar a leña los granos, dormir en cama general y en el piso, caminar en la oscuridad y sobre todo, desconectar del vivir contemporáneo. Es encontrar paz por medio de la simplicidad.
LA ERA es amar y recordar el lado femenino de la abuela, la madre y la hija. Es también pensar en la constancia de Elizabeth (mamá) una mujer que decidió reforestar con vegetación nativa y frutales un pedazo de tierra, con el fin de ofrecer una nueva vida a una montaña agotada por la sequía. Es un acto de amor y resistencia, de devolver a la naturaleza lo que nosotros le hemos quitado.